viernes, 24 de mayo de 2013



Existen días especiales en tu vida. 

Días en los que sales a buscar y no encuentras. No importa cuanto te impliques en tu meta, ni cuanto interés pongas. Tu objetivo se muestra esquivo. La soledad te abraza y notas un frío helado que te recorre entero.

Sin embargo, cuando menos de lo esperas, alzas la vista y delante de ti la tienes. Esperándote. Una mirada, una sonrisa, un pequeño sorbo de su bebida favorita. Entonces lo sabes. Lo has sentido antes, aunque no con esa intensidad.
Si juegas bien tus cartas, ya no tendrás que volver a jugar nunca más. Aunque el juego puede ser divertido, llegas a cansarte, todo aburre tras un tiempo. Todo tiene su momento. Y en éste preciso momento, debes abandonarlo.

Pero nadie dijo que fuera fácil. Nadie dijo que el juego acabe en victoria.
Debes centrar tus sentidos. Observa el entorno con detenimiento. Nota el aumento de temperatura en tu pecho. Escucha la suave brisa que corre. Identifica su aroma cuando estés cerca. Piensa en el dulce sabor de tu fruta favorita.

Ella te ha dejado pistas. Algunas muy claras, el resto sutiles. Muy sutiles. Debes captarlas a la primera. En ellas esta la clave del éxito o el fracaso. 



Leopardo, Sudafrica 2008

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